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100 portadas, 100 posibilidades

Carolina Valenzuela

Editora gráfica, Ediciones ARQ, Escuela de Arquitectura, Pontificia Universidad Católica de Chile, Santiago, Chile

Una revista es un medio de comunicación. Por eso, más allá de qué o a quiénes publica, su primer deber es definir un ‘cómo’. En esa lógica, la portada es clave: dado que es lo primero que ve un lector, debe ser capaz de captar la atención y transmitir su propia identidad.

ARQ nace en 1980 bajo la edición de Montserrat Palmer como un medio de difusión del quehacer de la Escuela de Arquitectura UC, con muy bajo presupuesto y sin periodicidad o compromiso de perdurar declarado1.

Las primeras 6 revistas ARQ no tienen portada, por lo menos no declarada a través del tipo de papel, el uso de más de una tinta, solapas u otros rasgos distinguibles. Muchos no conocen estos números o, en caso de conocerlos, no son considerados por su formato pasquín o microzine2. Se trata de fotocopias de originales hechos en papel kraft, sin encuadernar y que, aún para nosotros como editorial, son difíciles de conservar y leer. El logotipo se mimetiza con el nombre de la escuela y su tema central salta a primera vista.

Figura 1.

Salvo los lectores habituales, la elección de una revista se hace, en general, por la portada. (Del Castillo, 2013: 28). La memoria popular señala que el primer número de ARQ es el de la portada que mezcla al Hombre de Vitruvio de Da Vinci con el Modulor de Le Corbusier, es decir, el 7. El primero de gran formato3,con una ilustración en negro y rojo, logotipo pequeño y tema declarado. Su encuadernación con corchetes permitía leerla con cierta continuidad y su contenido y diseño distintivos la volvieron coleccionable y relativamente atemporal. Este primer número y los siguientes se convirtieron en objetos de deseo para varias generaciones de estudiantes y profesionales. Sin saber realmente cuál número es cuál, muchos recuerdan, entre otras, la portada de los aviones, la del martillo y la espátula o la de los signos matemáticos, las primeras ilustraciones de Alex Moreno y las siguientes de José Neira. Su potente claridad es reconocida, tal como su contenido. De los números 7 al 12 la editorial aún se sitúa en el extremo inferior de la portada, el logotipo continúa semioculto y el tema resalta en gran tamaño arriba a la izquierda hasta la revista número 4. Entre los números 9 y 21 el logotipo ARQ es resaltado en rojo y, junto al número del ejemplar, se mueven con relativa libertad por la portada. Entre los números 18 y 29 el logotipo se fija, por un período, en el extremo derecho de la publicación.

Figura 2. Números 1-6. Formato: 27 × 40,5 cm; doblado tipo periódico; papel: kraft, 90 gr/ m2 fotocopia; tintas: 1/ 1; elementos gráficos incorporados: logotipo, número, titulares, textos.

Figura 3. Números 7-29. Formato: 27 × 37 cm; papel: couché Alba 130 gr/ m2; (7-12), 300 gr/m2 (13-29); tintas: 2 / 0; elementos gráficos incorporados: logotipo, número, titulares, imagen y solapas (a partir del número 13).

Con el paso del tiempo el tamaño de la publicación disminuye5, el logotipo se enfatiza, gira y se ubica indistintamente al costado derecho o izquierdo de la portada. Las ilustraciones de portada se convierten en complejos montajes de fotografías, tipografías y dibujos del diseñador José Neira, con la libertad que daba el papel recortado y el cabal conocimiento del uso de tintas planas y sobreimpresiones. Las líneas de titulares circulan libremente, estableciendo ciertas diagonales o tensiones propias a cada número. La revista ya no es temática, por lo que los contenidos del interior se leen en las portadas sin la necesidad de ser literales.

Figura 4. Números 30-46. Formato: 24,5 × 31 cm; papel: Aquarello 200 gr/ m2 (30-31), Magnomatt 250 gr/ m2 polilaminado; tintas: 2/1 (30-37) – 4/1 (38-46); elementos gráficos incorporados: logotipo, número, tema (a partir del número 38), titulares e imagen.

Durante esta observación detallada de las portadas caí en cuenta de que el uso de 4 tintas se inició casualmente, quizás por error. Si se observa detenidamente el número 38, mejor si es con la ayuda de un cuentahílos, se puede notar que la fotografía no es en blanco y negro, sino en 4 tintas. Neira ya no estaba ni como ilustrador ni como diseñador y una nueva etapa de color se iniciaba tímida y momentáneamente solo en las portadas6.

Figura 5. Números 47-67. Formato: 24,5 × 31 cm; papel: couché 300 gr/ m2, polilaminado; tintas / Inks: 4/1 (hasta número), 4/2 (55-57) – 4/4 (58-91); elementos gráficos incorporados: logotipo, número, tema bilingüe, imagen y solapas (entre números 57 y 58 sólo se considera solapa delantera y se eliminan desde el 59 en adelante).

Con el paso del tiempo, el uso de colores es el elemento común hasta la actualidad. A partir del número 38 el tema central se manifiesta tanto en imágenes como en titulares que, poco a poco, se vuelven más sintéticos y claros. Hay algunas que vienen a la mente rápidamente por su fuerte vínculo con el tema central: la protesta de las micros amarillas de Desplazamientos (ARQ 52), las bolitas de Juego (ARQ 55) o la del dibujo de En planta (ARQ 58). Los números 71 a 73 presentan grabados de Nemesio Antúnez y del 74 al 76 dibujos de Roser Bru, ambos artistas y amigos de Montserrat Palmer.

Figura 6. Números 68-91. Formato: 24,5 × 31 cm; papel: couché 300 gr/ m2, polilaminado; tintas: 4/4; elementos gráficos incorporados: logotipo, número, tema bilingüe, titulares en algunos números, imagen, solapas y código de barras.

Tras 30 años, entre el número 77 y el 88 se decidió retomar algunos códigos de los inicios, como el uso del rojo y el negro y la mezcla de dibujo, texto e imagen. Muchos, con cierta nostalgia, notaron este guiño al pasado en portadas que podían ser tipográficas, abstractas o fotográficas, según la combinación de sus elementos.

Los últimos 11 números de ARQ han experimentado variados cambios, ajustes necesarios para iniciar una nueva etapa. Quizás el que más apreciamos es el poder contar con la tapa completa, es decir, portada, lomo y contraportada. El tema de la revista es manifestado en la grilla de ilustraciones de fondo y complementado con la incorporación de contenidos y autores. Junto con el aumento considerable de páginas, a partir del número 92 el tamaño se reduce para volverlo más portable7. Este último año las portadas son negras más un color neón en tinta plana, con íconos o dibujos y logotipo centrado, al igual que los autores y contenidos.

(…) nuestra revista debe involucrarse en los intereses particulares del lector. Es la única manera de intentar fidelizar su atención. La intención de nuestra revista debe ser revelarse como una herramienta útil y debe mostrarse claramente como solución a los problemas del lector (Del Castillo, 2013:16).

No creo que ARQ haya solucionado muchos problemas, confío en que más bien se hayan planteado muchos y se hayan abierto múltiples puertas a nuevos cuestionamientos e ideas. Lo seguiremos intentando en la búsqueda de nuevas posibilidades.

Figura 7. Números 92-100. Formato: 20,5 × 27 cm; papel: cartulina reverso blanco 225 gr/ m2, polilaminado; tintas: 2/4 (tinta especial en tapa completa); elementos gráficos incorporados: logotipo, número, tema bilingüe, titulares, imagen, autores y código de barras.

[1] En palabras de Montserrat Palmer en la editorial situada en la portada del primer número: «Este periódico que pretendemos mensual quisiera documentar la conversación informal, el dibujo de la servilleta de papel, el pelambre, la observación precisa, el momento en que hacemos escuela».

[2] «Un microzine es un fanzine de poca tirada, de interés minoritario y que por lo general se reproduce en una fotocopiadora. Históricamente eran panfletos creados al margen de los canales habituales, y que a menudo incorporaban contenido que en estos canales hubiera sido tachado de inapropiado, subversivo o rayando en lo enfermizo» (Caldwell y Zappaterra, 2014:48). Estos primeros números de la revista, a pesar de ser los más grandes (27 × 40,5 cm), eran plisados, por lo que su tamaño final llegaba a 13,5 × 40,5 cm.

[3] Tamaño 27 × 37 cm que perduró hasta el N° 29, de abril de 1995, 15 años después del primero y 13 años después del número 7.

[4] Estas podrían ser clasificadas como ‘portadas abstractas’, pues «pueden permitirse el lujo de no incluir ningún o casi ningún titular en portada y de colocar el logotipo donde mejor convenga al diseño, dado que la visibilidad en el estante deja de ser un condicionante» (Caldwell y Zappaterra, 2014:65). Sin entrar en análisis exhaustivos, es posible observar que la revista ARQ hasta el número 100, salvo algunas excepciones, se ha mantenido dentro de este tipo de publicaciones.

[5] A partir del número 30 el tamaño se reduce a 24,5 × 31 cm.

[6] Si nos basamos estrictamente en la clasificación de tipo, los números 38 a 76 podrían ser ‘portadas figurativas’, cuyo centro es una fotografía o ilustración que busca captar la atención antes que otros elementos.

[7] La revista en la actualidad mide 20,5 × 27 cm, muy cercano al tamaño estándar A4 y también al de un laptop.

CALDWELL, C. y ZAPPATERRA , Y. Diseño editorial. Periódicos y revistas / Medios impresos y digitales. Barcelona, España: Editorial Gustavo Gili, 2014.

DEL CASTILLO, C. Guía rápida del diseño editorial de revistas. Madrid, España: Ediciones Cícero & Company, 2013.

Carolina Valenzuela

<cvalenmo@uc.cl>
Arquitecta y Magíster en Arquitectura UC (2005). Máster en Diseño Editorial y Proyectos Digitales, Escuela Superior de Diseño de Barcelona y Universidad Internacional de Valencia (2017). Estudios de diseño gráfico digital, Academia MacPC (2015). Ha sido directora de arte y editora gráfica independiente de publicaciones impresas y digitales, docente de cursos vinculados a arquitectura y diseño y ha colaborado con oficinas de arquitectos en la elaboración de material gráfico de obras para publicación. Desde 2003 trabaja en Ediciones ARQ, donde actualmente se desempeña como editora gráfica.