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Margarita

Alejandra Celedón

Profesora Asistente, Escuela de Arquitectura, Pontificia Universidad Católica de Chile, Santiago, Chile.

Gabriela García de Cortázar

Profesora, Facultad de Arquitectura, Arte y Diseño, Universidad Diego Portales, Santiago, Chile.

La noción de ‘referente moral’ designa a aquellas personas cuya coherencia – la relación virtuosa entre discurso y acción – las convierte en verdaderas corporizaciones de un concepto o idea. Así, la arquitecta Margarita Pisano se transformó en vida en el referente moral del feminismo en Chile. Los cambios en su vida, permanentemente ligada a espacios arquitectónicos concretos pero siempre tendiendo al activismo feminista, son brillantemente relatados en este texto.

Figura 1. Margarita Pisano Fischer. Fuente: Casa de la Mujer Margarita Pisano

El 29 de octubre de 2016, en Santiago de Chile, las feministas celebraron la inauguración de la Casa de la Mujer Margarita Pisano, un espacio de reunión y toma de conciencia de las mujeres frente a la urgencia del cambio requerido. El sujeto de la celebración era Margarita Pisano (Figura 1), la poco conocida arquitecta chilena convertida en líder feminista radical que da su nombre a la casa. Esta era la primera celebración póstuma de su cumpleaños tras haber fallecido en junio del año anterior, por lo que la reunión fue tanto un homenaje político como biográfico. Al momento de abrir sus puertas en una soleada tarde de primavera, el patio interior estaba atravesado por cuerdas para tender la ropa donde colgaban fotografías, tarjetas y notas manuscritas. Estas presentaban la biografía de Margarita Pisano, cuya vida – desde su nacimiento en la zona más austral de Chile hasta su constitución como figura pública tanto en su país como en América Latina – no fue sino excepcional. Su trayectoria de vida, sin embargo, no sólo fue extrema en términos geográficos: acompañando la agitada segunda mitad del siglo XX en Chile, sus propios conflictos involucraron transiciones extremas en términos de vocación, política y vida personal. Las casas que Margarita habitó, diseñó, imaginó y remodeló entregan una aproximación a su vida y su práctica, ya que estas, al mismo tiempo que la acogían eran radicalmente alteradas por ella.

Casa de la mujer Margarita Pisano (Salvador Donoso 93, Bellavista, Santiago)

A pesar de ser un hogar – por su nombre y por el tipo de cosas que alberga – la Casa de la Mujer es un espacio público (Figura 2). Un ‘lugar para el cambio civilizatorio’ donde las mujeres pueden «organizarse, pensar el mundo autónomamente (…), (y) conocer y dar continuidad a la historia de las mujeres y a los conocimientos feministas, construidos originalmente fuera de la academia» (Pisano y Franulic, 2009:119). La Casa de la Mujer marca un cambio profundo en términos de los espacios asociados históricamente a las mujeres: si los lugares públicos más utilizados por estas siempre eran transitorios (mercados, centros comerciales, salas de espera en hospitales y escuelas), los hombres poseían aquellos asociados al poder (la plaza pública, la iglesia, el partido político, el club, el estadio, el bar, la calle o la universidad). Desde ahí, los hombres podían pensar el mundo mientras que las mujeres, en sus fugaces apariciones públicas, no. Desde la Casa de la Mujer, un espacio público y político contenido en un interior protegido, las mujeres finalmente pueden permitirse cuestionar críticamente las estructuras sociales que las rodean desde un lugar propio donde crear y alimentar la toma de conciencia.

Figura 2. Casa de la Mujer Margarita Pisano. Fuente: Fotograma video Casa de la Mujer Margarita Pisano. Disponible en https://www.youtube.com/watch?v=OThLel7EXc0

Figura 3. Casa La Morada. Fuente: Fondo La Morada. Archivo Mujeres y Géneros, DIBAM

La casa también es un afuera y esta contradicción es fundamental para entender la propuesta feminista radical de Margarita, quien comienza a desarrollar su propio enfoque a principios de los ochenta, a partir de una segunda ola del feminismo denominado ‘de la diferencia’ (o cultural). La noción del ‘afuera’ contenido dentro de la Casa de la Mujer significa no sólo un desafío al feminismo institucional, sino también a la política entendida exclusivamente como actividad partidista, al feminismo como parte de la academia y a la respuesta feminista frente a la opresión bajo la forma de resistencia (Pisano y Franulic, 2009). Su propuesta era la de un feminismo ‘activo’ antes que militante, autónomo en lugar de institucional y que promovía la rebelión en lugar de la oposición. Era también una forma de crítica a los modelos que permeaban su vida personal: Margarita abogaba por deshacerse de los ‘buenos árboles’ del matrimonio, la familia y los hijos, que hacían que la intimidad fuera irreconciliable con la emancipación total. Promovió un «cambio de los deseos» antes que un «deseo de cambio» (Pisano, 1995), cuestionando desde sus bases las instituciones culturales, puesto que ellas simplemente perpetúan la deshumanización de las mujeres dentro del paradigma masculino (Pisano, 2004). La Casa de la Mujer Margarita Pisano es entonces no sólo un lugar de acogida para las mujeres, sino además un lugar desafiante que invita al acto más radical de despojo. Es también la iteración póstuma de otra Casa de la Mujer que, un par de décadas atrás, se encontraba a sólo unas pocas cuadras de distancia.

Casa de la mujer La Morada (Bellavista 0457, Santiago)

En los años ochenta, durante la dictadura de Pinochet, las mujeres se reunían en La Morada, lugar que inicialmente había sido la sede del Círculo de Estudios de la Mujer, un grupo compuesto principalmente por académicas en el que muy pocas se reconocían como feministas (Figura 3). Pisano llegó hasta allí invitada por Julieta Kirkwood, la intelectual feminista chilena más notable de la segunda mitad del siglo XX1, aunque Margarita provenía de un entorno totalmente distinto: «para una persona como yo, que viene del mundo del arte, especialmente de la arquitectura, es difícil, yo no tenía la menor idea de hacer investigaciones sociológicas ni históricas ni menos antropológicas, nunca fue mi campo y me costó mucho entrar en ese mundo. El Círculo de Estudios estaba en un segundo piso en la calle Magallanes con Bellavista (Figura 4). Yo llegaba y subía, y sentía que me caía por la escalera hacia abajo; al mismo tiempo, pensaba que ahí había algo para mí y, porfiadamente, volvía a subir día tras día» (Pisano y Franulic, 2009:35). Si sentía que la casa la rechazaba, el impulso transformador de Margarita no le permitía renunciar.

Figura 4. Casa La Morada. Fuente: La Morada – Corporación de Desarrollo de la Mujer

Figura 5. Boletín La Morada, marzo-abril 1987. Fuente: La Morada – Corporación de Desarrollo de la Mujer

Después de una conferencia en Santiago en 19822 quedó claro para Pisano que el enfoque tibio de la academia no era suficiente: las mujeres necesitaban mucho más que estudios o teorías. Frente a la pregunta de ‘¿y qué harías tú entonces?’, Margarita propuso un ‘espacio de pasos perdidos’, un lugar donde las mujeres de origen popular fueran bienvenidas y donde tuvieran la oportunidad de prepararse antes de tomar una nueva dirección (Pisano y Franulic, 2009:38). Si esta respuesta ya era arquitectónica, la forma de llevarla a cabo lo era aún más: el espacio de reunión se desarrollaría en el formato de «Lunes abiertos», reuniones nocturnas regulares denominadas ‘taller’. Esta palabra, utilizada en escuelas y oficinas de arquitectura, remite no sólo al estudio, sino también a la práctica: el taller es un lugar para pensar y hacer (Figura 5).

Este feminismo basado en la acción se convirtió en el núcleo de la propuesta de Margarita para un feminismo radical. Llevar a cabo los talleres la obligó a leer e investigar, pero también a hablar y escribir: le enseñó a ser una líder3. Luchando contra la dislexia (siempre había sentido que las palabras no eran para ella), las herramientas de la arquitectura, el dibujo y las matemáticas le resultaron muy adecuadas. Su condición de ajena a los estudios sociológicos aportó algo nuevo al pensamiento feminista. Su primera actividad en los «Lunes abiertos» consistió en ayudar a las mujeres a entender que no sólo tenían un lugar en la historia, sino también en el espacio: «las viejas (que asistían) no sabían que vivían en una ciudad, no sabían qué era un país, menos aún, una cultura» (Pisano y Franulic, 2009:114); su conocimiento comenzaba en el hogar y terminaba en su vecindario inmediato. En el taller, por el contrario, hablaban de la ciudad, el espacio y el movimiento, dibujaban mapas de Santiago y caminaban midiendo su presencia dentro de ellos. Para Margarita, conocer el presente era la única manera de desencadenar una sed de futuro. Esto trajo conflicto al Círculo. Las ‘políticas’4 querían permanecer dentro del campo de los estudios académicos, mientras que para Margarita la única posibilidad era la educación popular y la acción. Así se produjo una separación. Una vez divorciadas de las ‘políticas’, las ‘feministas’ conservaron la casa y la rebautizaron como «Casa de la Mujer La Morada». Como tal, se convertiría en un faro de resistencia y transformación.

Figura 6. Margarita en calle Los Navegantes, Providencia, Santiago, c. 1983. Fuente: cortesía Camila Gaggero Pisano

Casa Los Navegantes (Los Navegantes 1983)

Si La Morada fue el lugar donde Margarita se divorció de las feministas académicas (una separación dolorosa, pero amistosa), este era sólo su segundo divorcio. Mucho más difícil fue separarse de su familia. Antes de convertirse en una líder feminista, Margarita había sido arquitecta, esposa y madre. Esta vida anterior tuvo lugar en el acomodado barrio de Pedro de Valdivia Norte, una zona urbana burguesa cercana al centro de la ciudad y la animada vida de Providencia. Allí se ubicaba la casa familiar de Margarita, una casa hecha a medida y diseñada en conjunto con Hugo Gaggero, su marido en aquel entonces, con quien había mantenido una oficina exitosa y reconocida desde su graduación (Figura 6).
El sitio había sido adquirido en 1958 en un esfuerzo común entre la Universidad Católica y un grupo de personas, cuando dicha institución decidió trasladar su escuela de arquitectura. Entre los compradores estaban el decano de la escuela y figura líder del modernismo chileno, Sergio Larraín García-Moreno, Ernesto Pisano (padre de Margarita), y Hugo y Margarita. Gracias a esta operación organizada se logró controlar y adquirir toda la manzana (Gaggero, 2015:118), dando como resultado un esquema que mezclaba una poderosa institución con la vida privada de algunos de sus miembros. Mientras que la Universidad adquirió la antigua casa patronal colonial, que sería ocupada por la escuela en 1960, Larraín conservó la casa del inquilino. El resto del terreno se subdividió en lotes más pequeños. Margarita y Hugo diseñaron y construyeron no sólo su propia casa, sino también una para los padres de Margarita en el sitio contiguo.
La casa Los Navegantes era una especie de gran mueble (Gaggero y Pisano, 1966). Diseñado a la medida y el gusto de Gaggero, no había paredes internas excepto las de la habitación de la pareja (Figura 7) (Figura 8). La luz natural controlada creaba un interior aislado, fluido y abierto dentro del recinto, dando como resultado un espacio doméstico fuera de lo convencional. El papel de Margarita en el diseño de esta casa (y la de sus padres) era el de administración y coordinación. Hugo era el arquitecto, el genio, el artista. Margarita tenía un papel de emprendedor, lidiando con clientes, constructores y finanzas. La pareja vivió en la casa a partir de 1963 y allí vieron crecer a su familia, cuando después de varias pérdidas nacieron dos niños. Vivían próximos a sus abuelos maternos, quienes ocupaban la casa de al lado, y, poco después, la suegra de Margarita se mudó con ellos hasta el final de sus días. En 1982 la pareja diseñó y construyó una segunda vivienda, esta vez junto al mar en Cachagua, otro lugar de élite para la aristocracia chilena. Aquí Margarita conoció a un grupo de mujeres intelectuales y artistas, entre ellas Roser Bru y Lea Kleiner, con quienes se involucraría cada vez más. Ellas le presentaron a Julieta Kirkwood a principios de los ochenta. La amistad femenina pronto evolucionó hacia reuniones regulares organizadas en Los Navegantes. Junto a la piscina, Julieta y ella escribieron el Manifiesto Feminista (Pisano y Franulic, 2009:52) y en la planta baja las amigas pintaron pancartas y carteles denunciando la represión de Pinochet5. De estudio de arquitectura a punto de encuentro de activistas, el piso inferior debió haber sido testigo de los crecientes conflictos internos de Margarita, quien ya no podía reconciliar a la esposa y arquitecta con la feminista cada vez más consciente. Tuvo que alejarse para construir su nueva identidad. En 1983 abandonó a su marido, a sus hijos y su casa. Atrás quedaba Pedro de Valdivia Norte con sus estrechos pasajes de casas residenciales siguiendo el modelo ‘ciudad jardín’. Una casa, un jardín, una familia, pero no para Margarita. Tenía que ir afuera.
Este feminismo basado en la acción se convirtió en el núcleo de la propuesta de Margarita para un feminismo radical. Llevar a cabo los talleres la obligó a leer e investigar, pero también a hablar y escribir: le enseñó a ser una líder3. Luchando contra la dislexia (siempre había sentido que las palabras no eran para ella), las herramientas de la arquitectura, el dibujo y las matemáticas le resultaron muy adecuadas. Su condición de ajena a los estudios sociológicos aportó algo nuevo al pensamiento feminista. Su primera actividad en los «Lunes abiertos» consistió en ayudar a las mujeres a entender que no sólo tenían un lugar en la historia, sino también en el espacio: «las viejas (que asistían) no sabían que vivían en una ciudad, no sabían qué era un país, menos aún, una cultura» (Pisano y Franulic, 2009:114); su conocimiento comenzaba en el hogar y terminaba en su vecindario inmediato. En el taller, por el contrario, hablaban de la ciudad, el espacio y el movimiento, dibujaban mapas de Santiago y caminaban midiendo su presencia dentro de ellos. Para Margarita, conocer el presente era la única manera de desencadenar una sed de futuro. Esto trajo conflicto al Círculo. Las ‘políticas’4 querían permanecer dentro del campo de los estudios académicos, mientras que para Margarita la única posibilidad era la educación popular y la acción. Así se produjo una separación. Una vez divorciadas de las ‘políticas’, las ‘feministas’ conservaron la casa y la rebautizaron como «Casa de la Mujer La Morada». Como tal, se convertiría en un faro de resistencia y transformación.

Figura 7. Publicación casa Gaggero. Fuente: revista AUCA N° 2. Santiago: enero – febrero 1966, p. 46 – 50

Figura 8. Publicación casa Gaggero. Fuente: revista AUCA N° 2. Santiago: enero – febrero 1966, p. 46 – 50

Figura 9. Pisano + Gaggero. Torre 11, Remodelación San Borja, Santiago, Chile. Fuente: © Alejandra Celedón

35 metros cuadrados

Margarita tampoco había sido completamente ‘parte’ de la escena arquitectónica. Su presencia en la obra publicada de su oficina es escasa. El papel más bien administrativo que ella cumplía podría explicar por qué habría sido pasada por alto6. Uno de los pocos testigos de su participación es el letrero que acredita a los arquitectos de la Torre 11 de la Remodelación San Borja. En un complejo habitacional de veintiún edificios, la torre de 1969 de Gaggero y Pisano fue parte de uno de los principales proyectos de regeneración urbana construidos en Chile y Latinoamérica (Pérez de Arce, 2016). Junto a la entrada, sólo su nombre es visible, dado que el de Gaggero terminó detrás de una puerta de cristal en el interior del hall de acceso recientemente reformado. El nombre de Margarita, sin embargo, no escapó de la manipulación patriarcal: lo que las letras dicen es ‘Margarita Pisano de G’, con la última parte representando literalmente ‘de G(aggero)’ (Figura 9). En lo que en ese entonces era la manera común de escribir el nombre de las mujeres casadas, ella aparece al mismo tiempo como autora y como posesión.
La práctica profesional de Margarita durante sus años en la oficina familiar parece pragmática y anónima en contraste con la radicalidad y la actitud de oposición característica de su vida pública posterior. La oficina de Gaggero y Pisano tuvo encargos importantes, destacando la UNCTAD III por su escala y programa, un edificio para conferencias diseñado durante el gobierno socialista de la Unidad Popular de Salvador Allende (Maulén, 2016). Sin embargo, después del golpe de Estado de Pinochet en 1973, la oficina entró en las listas negras de encargos públicos y sólo en 1979 tuvieron la oportunidad de trabajar nuevamente en vivienda social. Esta vez, se enfrentaron al contraste en la aproximación a las viviendas sociales bajo la dictadura de Pinochet. La construcción de viviendas mínimas atomizadas en las afueras de la ciudad formaba parte de la política pública del régimen, una que limpiaba el centro de la ciudad haciendo invisible la pobreza:

Comenzamos a diseñar casas de 35 metros cuadrados para ocho personas, lo más inhumano que se puede proponer como solución habitacional. Cuando dibujaba los planos metía las camas, consciente de que las estaba poniendo en un nicho, lo que me hacía pensar que era mil veces preferible que las personas a las que estaban destinadas esas miniaturas siguieran en lo que en esa época llamaban población callampa (Pisano y Franulic, 2009:30).

En paralelo, la oficina diseñaba una mansión para una familia adinerada en una de las zonas más exclusivas de Santiago:

Un día, al llegar a la oficina me encontré con un recado del cliente de la súper casa diciendo que olvidó que tenía que agregar en el garaje un espacio para su lancha a motor (ya estaban contemplados tres autos). El espacio que tenía que agregar eran los mismos 35 metros cuadrados de las otras casas en que estaba trabajando (Pisano y Franulic, 2009:31).

Entró en shock. Las contradicciones anidadas en su interior explotaron al ver estos dos proyectos sobre su mesa de dibujo: el cruel enfrentamiento de clase denunciaba la complicidad de Margarita en su construcción. Para explicar su decepción con la profesión, Pisano comparaba el trabajo del arquitecto con el de un pianista que sigue una partitura ya escrita: así como los músicos, los arquitectos sólo podían ser buenos intérpretes o ejecutores. Se levantó y salió de la oficina. En cuanto llegó a casa, su cuerpo reaccionó: tuvo un violento ‘cuerpazo’, un ataque que la hizo sentir como si le hubiesen cortado la cabeza. Más tarde sabría que lo que había sufrido era una encefalitis. Su desencanto con la arquitectura sería definitivo: tenía que desprenderse de aquel sinsentido y, tal vez, intentar cambiar las partituras desde otra posición.

Estancia en Tierra del Fuego y proyecto para una estancia

Antes de transformarse en un conflicto, en algún momento la arquitectura había significado libertad para Margarita. Nació y creció en una pequeña estancia, producto del activismo de la generación de su padre para conseguir la reforma agraria (Pisano y Franulic, 2009:72). Las estancias fueron la tipología arquitectónica que había llevado adelante la colonización económica de Tierra del Fuego, el extremo más austral del continente. La explotación de Magallanes tomó la forma de extracción de petróleo o cría de ovejas por parte de empresas privadas extranjeras. La segunda fue el medio a través del cual las extensiones de pampa silvestre fueron controladas y transformadas en productivas. Las grandes estancias ovejeras estaban compuestas por una serie de infraestructuras: secciones, galpones de esquila, edificios auxiliares, alojamiento para trabajadores, pequeños puertos, caminos y un casco principal (Garcés, 2013). Construidas en madera y revestidas de hierro galvanizado de origen inglés, las estancias significaron no sólo la colonización del territorio en nombre del Estado chileno, sino la imposición de una mentalidad europea por sobre la cosmología propia de sus pueblos originarios. La exterminación sistemática de estos últimos hasta principios del siglo XX significó que el territorio albergaba esta contradicción: en paisajes de una belleza salvaje, la relación más pragmática de uso y abuso era la norma.

La casa de Margarita, la estancia Los Retamos, se encontraba a siete kilómetros del estrecho de Magallanes (Figura 10). Consciente del significado brutal que sustentaba su presencia en la isla, su relación con la tierra era de constante admiración y profundo respeto. La conexión entre los dos océanos, a sólo un galope de distancia, era su patio trasero. Allí, Margarita vio un «cielo horizontal, frente a sus ojos» (Pisano y Franulic, 2009:70). Sentía que desde este suelo plano y sin árboles podía percibir la curvatura de la tierra. Soplaba un viento constante y una bella quietud lo cubría todo en los raros momentos en que se detenía. Durante los meses escolares vivía en la capital regional, Punta Arenas7, pero durante los veranos podía disfrutar de largas noches polares, nunca completamente oscuras. La constitución de Margarita era doble como la del territorio: su madre le inculcó los hábitos de una buena mujer, mientras que su padre le enseñó a volar aviones (Pisano y Franulic, 2009:120-121). Aunque era una atleta – una esquiadora consumada que más tarde se convertiría en campeona nacional – siempre tendría una tendencia natural a cuidar de su hogar, una reminiscencia de las enseñanzas de su madre8. Sin embargo, por mucho apego que tuviera por Magallanes y por muy aficionada que fuera a los paisajes duros y hermosos del extremo sur, creció con la decisión de abandonarlos. No podía ser la esposa de un estanciero o un militar (Pisano y Franulic, 2009:120). Contra los deseos de su padre, viajó a Santiago para estudiar arquitectura; la influencia de su madre, más allá de las enseñanzas vocalizadas, era que tenía que perseguir sus sueños9.

Figura 10. Estancia Los Retamos, Tierra del Fuego, Chile. Fuente: cortesía Camila Gaggero Pisano

Figura 11. Curso de primer año de Arquitectura, Pontificia Universidad Católica de Chile, 1952. Margarita Pisano está ausente, entre otros se encuentran: Christian De Groote (centro) y Montserrat Palmer (derecha). Fuente: Archivo de Originales. FADEU. Pontificia Universidad Católica de Chile. Fondo Documental Montserrat Palmer Trías.

Figura 12. Ficha estudiantil de Margarita Pisano

Su proyecto final para una estancia no tiene el tono modernista característico; en cambio, aparece simplemente como una iteración de la tipología existente. Después de un detour entre estudios urbanos y modernismo, su proyecto final debió ser un enfrentamiento con sus orígenes: no sólo con la geografía de Magallanes, sino también con sus usos; no sólo con su sentimiento de pertenencia, sino también con sus ansias de irse. La arquitectura no sería su destino final, como tampoco lo sería ninguna de las arquitecturas que habitó, diseñó o recicló; sin embargo, algo de su ser todavía está imbuido en todas ellas. Así como la cabeza reemplazó al cuerpo atlético y así como el cuerpo evolucionó de madre a mujer rebelde, sus espacios de transformación continúan albergándola. A medida que recogía objetos cada vez más curiosos para su siempre creciente colección, Margarita fundó varios hogares y, sin embargo, tal vez siempre se mantuvo afuera.

1 Julieta Kirkwood, socióloga e investigadora de la FLACSO (Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales), autora de Feminarios (Santiago: Documentas, 1987), Feminismo y participación política en Chile (Santiago: FLACSO, 1982), Ser política en Chile (Santiago: LOM, 1982, 1986, 2002), entre otros.

2 Las Jornadas de la Mujer se desarrollaron en 1982 en el, por entonces, Centro Cultural Mapocho, ubicado en Lastarria con Rosal, Santiago, y fue organizado por el CEM.

3 Una forma de liderazgo que ha sido criticada por muchos. Entrevista con Verónica Matus en Largo, 2004 (195). Según algunos, Margarita ha sido borrada de la historia del feminismo chileno en cumplimiento de sus propios deseos. Véase Pisano y Franulic (2009:16).

4 ‘Políticas’ era el nombre atribuido a las mujeres que militaban en un partido político, mientras que las ‘feministas’ eran aquellas que pertenecían exclusivamente al movimiento activista.

5 Su lema era «Democracia en el país y en la casa» y, «Democracia en el país, en la casa y en la cama» (Pisano y Franulic, 2009:46).

6 La historia oficial de la oficina Gaggero-Pisano no reconoce su participación en proyectos en los que trabajó (Gaggero, 2015).

7 Según lo referido por un familiar (que exigió mantener su nombre en reserva) en conversación el 2 de noviembre de 2016.

8 Según testimonio de un integrante de su familia en mayo de 2016.

9 La madre de Margarita rechazó una beca de estudios de arte en Santiago (organizada por la poetisa Gabriela Mistral y la escultora Laura Rodig) para convertirse en esposa. Esta abnegación sorprendió a Margarita y la empujó a escapar.

GAGGERO, Hugo. Hugo Gaggero, seis décadas en la arquitectura. Santiago: Alvimpres, 2015.

GAGGERO CAPELLARO, Hugo; PISANO DE GAGGERO, Margarita. «La casa Gaggero». AUCA 2 (ene-feb, 1966):46-50.

GARCÉS, Eugenio. Tierra del Fuego: historia, arquitectura y territorio. Santiago: Ediciones ARQ, 2013.

LARGO, Eliana. Calles caminadas, anverso y reverso. Santiago: Centro de Investigaciones Diego Barros Arana, 2014.

MAULÉN, David. «Una trayectoria excepcional. Integración cívica y diseño colectivo en el edificio UNCTAD III». ARQ 92 (Abril, 2016):50-67.

PÉREZ DE ARCE, Rodrigo. «El jardín de los senderos entrecruzados: la remodelación San Borja y las escuelas de arquitectura». ARQ 92 (Abril, 2016):68-79.

PISANO, Margarita; FRANULIC, Andrea, Una historia fuera de la historia, biografía política de Margarita Pisano. Santiago: Editorial Revolucionarias, 2009.

PISANO, Margarita. Deseos de cambio ¿o el cambio de los deseos? Santiago: Ediciones Número Crítico, 1995.

PISANO, Margarita. Julia, quiero que seas feliz. Santiago: LOM ediciones, 2004.

Alejandra Celedón

<aceledonf@gmail.com>
Arquitecta, Universidad de Chile, 2003. MSC, University College London, Reino Unido, 2007. PhD Architectural Association, Reino Unido, 2014. Sus intereses de investigación van desde la relación entre los dibujos arquitectónicos y la construcción de discursos sobre la ciudad hasta los actos de redibujar y coleccionar como operaciones epistemológicas y críticas. Enseña e investiga en la Pontificia Universidad Católica de Chile sobre estrategias geopolíticas, territoriales y arquitectónicas emprendidas durante la década de los ochenta en Santiago. Sus últimas publicaciones incluyen «Half-Plan» en San Rocco 11 y «Footprints» en ARQ 92.

Gabriela García de Cortázar

<gabrielagdec@gmail.com>
Arquitecta, Universidad de Chile, Chile, 2006. Maestría en Historia de la Arquitectura, Universidad de Londres, Reino Unido, 2010. PhD Architectural Association, Reino Unido, 2017. Su principal interés de investigación ha sido el dibujo: arquitectura de papel, mapas y corografía (término renacentista para el dibujo del lugar). Recibió una beca Abbey-Santander para sus estudios de maestría y una beca de la Fundación Sasakawa para viajar a Japón en 2014. Recientemente publicó un ensayo sobre los dibujos de batallas de Palladio, «Palladian Feet» en AA Files 73 y dos ensayos sobre edificios en The Building (Zurich, 2016).