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Siete grados de libertad: políticas, arquitecturas, arquitecturas políticas. Arica en la larga década del sesenta

Horacio Torrent

Profesor Titular, Escuela de Arquitectura, Pontificia Universidad Católica de Chile, Santiago, Chile

Javier Ruiz

Profesor, Escuela de Arquitectura, Pontificia Universidad Católica de Chile, Santiago, Chile.

María de la Paz Faúndez

Profesora, Escuela de Arquitectura, Pontificia Universidad Católica de Chile, Santiago, Chile

Si la arquitectura moderna se planteaba – al menos conceptualmente – un horizonte emancipador en términos políticos, su fin último se verificaría en los grados de libertad que sería capaz de entregar. A partir del caso de la ciudad de Arica en los sesenta, este texto demuestra cómo esos grados de libertad superaron el plano conceptual para ser puestos en práctica por medio de arquitecturas concretas.

La razón de ser de la política es la libertad y su campo de experiencia es la acción. (Arendt, 1996:158)

Grados de libertad

En tanto una de las acciones del hombre sobre la faz de la tierra, la arquitectura es frecuentemente política; es a través de la política que establece sus posibilidades de transformar el mundo y de constituirse a sí misma como política.1 A la vez, esas posibilidades apelan a la limitación de la capacidad de hacer, a las restricciones a la acción; es decir, a la libertad.

La expresión ‘grados de libertad’ remite generalmente a las restricciones que un mecanismo puede tener para moverse. Asimismo, indica el número de observaciones independientes que se pueden realizar sobre una muestra. Aquí se la propone para reconocer las posibilidades de encuadre que la política establece sobre la arquitectura y también las posibilidades que el instrumental proyectual de la arquitectura otorga a la acción política.

En concreto, este trabajo expone cómo las políticas de promoción del desarrollo pusieron a la arquitectura en un plano protagónico y, más específicamente, a la arquitectura moderna en tanto poseedora de un sentido proyectual capaz de dar legibilidad a la acción política. Se muestra cómo la arquitectura ejerció grados de libertad en el uso del instrumental del proyecto moderno y su condición liberadora para dar sentido en cada caso a una relación particular con los habitantes, sujetos de la política del desarrollo.

Arica, en el norte de Chile, constituyó un campo de experiencia en el que se desplegó una acción política que cambiaría un destino adormecido por un proyecto de progreso y en el que las concepciones de la arquitectura moderna relacionadas con la libertad resultarían claves. La ‘larga década del sesenta’ refiere al lapso histórico iniciado hacia fines de los cincuenta y cerrado promediados los setentas, donde las expectativas de transformación dominaron la escena social y política a la vez que promovieron, en el campo amplio de la arquitectura y de las disciplinas asociadas a la ciudad, la gestación de nuevos conceptos y teorías. Durante ese largo período, coincidente con el de la experiencia de la Junta de Adelanto de Arica (JAA), las apuestas de una nueva arquitectura tomaron forma tanto en los argumentos para guiar la acción política de los arquitectos como en obras de trascendencia que dan cuenta del ejercicio proyectual de la libertad.

Inicio, Puerto Libre

Después de años reclamando atención, Arica pasó a formar parte de una estrategia que intentaba promover el desarrollo regional y equilibrar los evidentes crecimientos diferenciales de los asentamientos humanos del país. Desde el Tratado de 1929 entre Chile y Perú, la ciudad había subsistido por su propia capacidad y empuje.

En 1953, el Puerto Libre declaraba a la zona de Arica como «región liberada» y permitía a «toda nave, aeronave u otro vehículo entrar y salir libremente sin pagar los derechos e impuestos», lo que se extendía a las mercaderías transportadas por dichos vehículos, que se internaran «para el uso, consumo o libre circulación dentro de la región liberada» (DFL 303, 1953). En los hechos, «el objetivo de la liberación portuaria no fue otro que el de estimular el resurgimiento económico de la zona liberada cuyo estado de depresión era obviamente inquietante»; razones demográficas y de política internacional establecieron que era «imperioso propender al arraigo y radicación de los habitantes chilenos en la zona de Arica mediante la concesión de estímulos adecuados» (Lang, 1962:2), ya que el surgimiento económico de Tacna estaba produciendo una migración hacia el país vecino.

La libertad prevista por el Puerto Libre era básicamente económica y, aunque operaba en el campo de los gravámenes aduaneros, también promovía un nuevo marco político. El régimen, de carácter excepcional, sustraía a esa zona del país de la reglamentación general y uniforme para el resto y le otorgaba el goce de libertades, pudiendo presuponerse así una extraterritorialidad desde el punto de vista aduanero.

Los beneficios del régimen del Puerto Libre han sido objeto de múltiples controversias, principalmente porque no se radicaron tantas nuevas industrias como se esperaba. No obstante, es bien sabido que algunas actividades económicas informales provocaron una dinámica que estimuló un cierto crecimiento registrado no sólo en el aspecto económico, sino principalmente en el aumento de población por la expectativa de fuentes de trabajo, duplicando el tamaño de la ciudad en una década.

Instituida desde una política nacional que reconocía la necesidad de promoción de un ámbito regional diferente al resto del país, la figura del Puerto Libre conformó una matriz para una condición de libertad económica. La nueva condición de libertad, sin embargo, no implicó exactamente el florecimiento de una nueva economía, pero sí puso a disposición bienes provenientes de cualquier parte del planeta lo que promovió inicialmente los viajes de compras y el turismo regional (Marín, 1955). Así, indirectamente, alimentó la conformación de un sentido cultural que vería a Arica como una ciudad internacional.

A ese tiempo se corresponde una serie inicial de obras de arquitectura notables, como los conjuntos habitacionales Chinchorro (1955) y Ex Estadio (1957), promovidos por la Sociedad Modernizadora de Arica y proyectados por Bresciani, Valdés, Castillo y Huidobro. El proceso de acumulación iniciado por el Puerto Libre estimuló en el ambiente social y económico la expectativa del desarrollo, constituyó un primer grado de libertad e inició la transformación de la ciudad y la región.

Figura 1. Vista aérea Arica, c. 1960.© Colección Balby Morán

Nuevo comienzo, esfera pública

En 1958, una nueva figura buscaba dar una mejor conducción al proceso de desarrollo regional. La Junta de Adelanto de Arica (JAA) fue creada para fomentar la producción y el progreso del departamento. Se fijaban las formas que podía tener la inversión de los fondos provenientes del nuevo régimen tributario que, aunque similar en sus bases y diferente en sus aproximaciones, reemplazaba al Puerto Libre.

Los objetivos de la JAA eran «estudiar, disponer, coordinar y poner en plan de realización todas las obras que se estimen necesarias para el adelanto rural y urbano del departamento de Arica; para el fomento de sus fuentes de producción; para el incremento de su comercio, y para el bienestar general de sus habitantes» (Ley 13.039, 1958). Tenía a cargo todo el proceso para la realización de las obras, desde los proyectos, la construcción, la conservación y la fiscalización; es decir, establecía la promoción del desarrollo por medio de obras, instaurando las condiciones para la acción.

La JAA fue concebida como un órgano con representación amplia, con una composición participativa y plural. Estaba integrada por representantes de las instituciones políticas (el gobernador y el alcalde), de las infraestructuras claves (el administrador del Puerto y el administrador del Ferrocarril de Arica a La Paz), de las corporaciones económicas (la Sociedad de Fomento Fabril y la Asociación de Industriales del Departamento), de los trabajadores (la Central Única de Trabajadores y la Confederación de Empleados Particulares), a los que se sumaban un representante de los agricultores y otro de los mineros, ambos designados por mecanismo de libre elección. La pluralidad era, así, un aspecto fundamental en la toma de decisiones, en la elaboración de los presupuestos anuales, en la programación de las obras y en la definición de las prioridades públicas. Pluralidad y participación marcaron una condición de avanzada en su tiempo y que se afirmó en el transcurso de su vida institucional hasta que fue disuelta en 1976 en el marco de las transformaciones del Estado que dieron paso a las políticas neoliberales (Ruz et al., 2015).

Su constitución orgánica aseguró las dos condiciones más potentes de la vida política: la acción y la pluralidad, dadoras de sentido al campo de experiencia de la libertad. El hecho más trascendente fue que la Junta se constituyó en la esfera pública por excelencia del proceso de transformación propuesto para la ciudad y la región. Esfera pública en tanto sede de participación compartida entre autoridades constituidas con poderes legitimados en las urnas y representantes sectoriales capaces de dar sentido a un espacio en esencia deliberativo sobre el futuro de la ciudad y la región. Esfera pública que, como condición del desarrollo democrático y la vida política, legitimaba la acción.

Figura 2. Junta de Adelanto de Arica (JAA), Logo c. 1958.© Archivo Histórico Vicente Dagnino, Universidad de Tarapacá

Figura 3. «1958-1975 Homenaje de Arica a su Junta de Adelanto en el 17º aniversario». Portada Suplemento.© Diario El Cronista, Arica, Chile

Acción, arquitectura

La JAA puede ser considerada un paradigma de la concepción desarrollista de la ciudad y la arquitectura, implementada por medio de sucesivas figuras de planificación y con la realización de un gran número de obras públicas y privadas. Promovió las políticas de desarrollo por medio del turismo y las obras de infraestructura; llevó adelante los estudios para el plan regulador de la ciudad, así como la construcción de equipamientos, edificios y paseos públicos; de hecho, estuvo detrás de obras de notable calidad arquitectónica como el Casino, el Estadio para el Mundial de 1962, el Campus Saucache de la Universidad del Norte, el balneario La Lisera o la Piscina Olímpica entre tantas otras (Torrent, Ruz, Morán, 2018).

La arquitectura moderna desplegó todas sus posibilidades para configurar un ambiente urbano en el entorno tropical del desierto. Los instrumentos del proyecto moderno como la planta libre, la forma pura, la apertura de la caja arquitectónica, la relación espacial entre interior y exterior, la porosidad del volumen y libertad de las matrices compositivas y estructurales se pusieron en acción en múltiples situaciones. La experimentalidad formal y espacial resultó apropiada a la condición climática, a la vez que estableció un registro de novedad capaz de dar legibilidad al proyecto económico y social que la institucionalidad política proponía. La arquitectura moderna se convirtió así en un sistema expresivo capaz de identificar las nuevas acciones emprendidas por la JAA y el virtuosismo desplegado en las obras las propuso como experiencias únicas. El enfoque progresista y desarrollista del organismo estaba claramente asociado con las posibilidades que representaba la vida moderna, configurando un gran laboratorio de arquitectura, apto para desarrollar los grados de libertad que la novedad imponía a la disciplina y a la profesión.

Si bien la libertad creativa puede ser concebida filosóficamente como un hecho individual – y por lo tanto exento de condición política – la oportunidad de ejercerla en una esfera pública y un espacio común, más allá del libre albedrío y en plena relación con demandas sociales, propuso a los arquitectos la posibilidad de actuar por fuera de la coacción externa que implicaban los criterios tradicionales de la profesión. Ese gran laboratorio de arquitectura surgía entonces en el espesor de ese nuevo grado de libertad entre creación individual y esfera pública.

Figura 4. Casino de Arica, c. 1964.© Colección Balby Morán

Figura 5. Balneario La Lisera, c. 1960.© Colección Balby Morán

Espacio cívico, volumen libre

La institucionalización de las dimensiones de la arquitectura moderna como parte de la legibilidad de la obras públicas y privadas en la ciudad propuso algunas aproximaciones diferentes. La autonomía de los cuerpos geométricamente discretos de la arquitectura moderna, basada en la interpretación de los órdenes formales surgidos de la libertad estructural, se correspondía con una nueva relación espacial en el nivel urbano. El bloque apareció como la forma arquitectónica cuya disposición programática se podía organizar en planta de manera simple, por medio de estructuras regulares y circulaciones lineales con perímetro exento, afirmando la libertad compositiva a nivel urbano.

La transformación positiva de la ciudad debía registrarse también en el centro mismo. Si bien los estudios para el centro cívico fueron varios – de la oficina del Plan Regulador de la JAA, de la CORMU, y más tarde el seccional de Emilio Duhart – fueron las obras por sí mismas, más que los planes, las que fueron imponiendo las opciones proyectuales más específicas. La aplicación del formato de placa y torre a una escala urbana moderada permitía mediar entre la forma urbana tradicional y la libertad de las configuraciones de la arquitectura moderna, instituyendo un grado de libertad para el bloque moderno.

El anteproyecto propuesto por Bolton, Larraín, Prieto, Lorca para la agencia local del Banco de Crédito e Inversiones fue aprobado en octubre de 1966 y motivó un debate que muestra la conciencia acerca de la importancia del edificio como configurador del espacio público (Pérez, 1967). Ubicado frente a la plaza principal y al costado de la iglesia de San Marcos, su situación definía el ámbito cívico por excelencia.

Para asumir el desnivel del predio, el edificio se posa sobre un zócalo que comparte una altura similar a la del basamento de la Iglesia. La placa se define claramente por la conformación de una línea material sobre el local que aloja al banco, dominado por la transparencia del cristal. Un retranqueo de gran parte de la fachada principal permitía la ubicación de una escalera (posteriormente demolida), un hall de acceso y unas jardineras que cruzaban el frente del edificio en toda su extensión. Sobre la placa, el volumen libre expone la regularidad de la estructura determinando las ventanas, a la vez que un gran plano vertical asume la dimensión total del bloque conformando un signo urbano que acompaña la torre de la Catedral.

La configuración de la plaza tomaría una forma más definitiva con la incorporación posterior del edificio de la Caja de Previsión de Empleados Públicos, proyectado por los mismos arquitectos repitiendo el esquema de un bloque bajo y exento sobre la placa en el que las líneas horizontales predominan sobre la equilibrada regularidad del primer edificio, expandiendo la sensación de liviandad y libertad de la forma. Se ejercía así un nuevo grado de libertad, en el que las restricciones se asumían en la base y en el que la configuración de un nuevo tejido se despegaba de las condiciones del trazado tradicional para dar protagonismo al bloque moderno.

Figura 6. Plaza Colón de Arica, sede del Banco de Crédito e Inversiones y la Catedral de San Marcos, c. 1970.© Colección Balby Morán

Figura 7a. Sede regional del Banco de Crédito e Inversiones/ Planta. Fuente: Fondecyt 1181290

Figura 7b. Sede regional del Banco de Crédito e Inversiones/ Sección. Fuente: Fondecyt 1181290

Planta libre, suelo continuo

El proyecto para el edificio de los Servicios Públicos puso en evidencia el ejercicio de la planta libre como instrumento clave de la arquitectura moderna. La condición de libertad de la estructura respecto del programa se acentuó para dar continuidad al suelo urbano, aprovechar la pendiente y afirmar la condición pública del edificio. Proyectado en 1966 por Raúl Marín Moreno en la Dirección de Arquitectura del Ministerio de Obras Públicas, estaba destinado a reunir oficinas de diversos organismos fiscales. Por su situación respondía a la condición de centro cívico propuesta en varios planes urbanos, pero se planteaba como un edificio aislado, con carácter y jerarquía, con una forma contundente capaz de dar cuenta de su importancia social y pública.

El edificio asume la tipología de un cuadrángulo, es decir, un anillo de planta cuadrada de un nivel, sobre un esquema regular de pilares rectangulares apoyados sobre un basamento continuo. El plano noble libera para el uso público casi la totalidad de la superficie con un patio principal que da forma al vacío y recibe las escaleras y circulaciones que conectan el suelo público de la planta noble con una terraza abierta a la ciudadanía en el último nivel.

El cuadrángulo superior tiene una imagen compacta por las pocas ventanas que se abren hacia el exterior, se apoya en el cuerpo intermedio retranqueado de dos niveles, dejando a la vista el sistema de pilares que afirman la existencia de un módulo que ordena la alternancia de llenos y vacíos. El basamento asume la pendiente del sitio que es recogida en una de sus fachadas también por una pasarela pública que se separa paralela al edificio conectando por una escalera ambos niveles de las calles. La pasarela refuerza la permeabilidad que muestra el edificio liberando las cuatro esquinas y armando terrazas que conectan la calle con el patio interior. Estas operaciones son las que, jerarquizadas por la planta libre, dieron sentido a la creación de un suelo público y continuo, reforzando el carácter cívico y político del edificio.

Figura 7c. Sede regional del Banco de Crédito e Inversiones/ Isométrica. Fuente: Fondecyt 1181290

Grilla indiferente, programa libre

La concepción de una grilla indiferenciada que permitiera la disposición libre del programa apareció como posibilidad de superación de la condición objetual de la arquitectura moderna. La opción por un instrumento como la grilla constituyó un paso más en la liberación de las condiciones de la forma, porque permitió pensar en la totalidad y la simultaneidad.

El proyecto de Mauricio Despouy para el Campus Velázquez de la Universidad de Chile, realizado entre 1966 y 1967, asumió el desafío de la indiferenciación como un grado de libertad tanto en la variabilidad del programa como en la configuración formal.

En un punto en que la pendiente hacia el mar establece una diferencia de altura importante, se propuso un edificio horizontal de un piso conformando una base sobre la cual una amplia terraza se relacionó con el trazado urbano por medio de puentes y escaleras. Entre la avenida y el edificio tapiz se generó un amplio patio protagonizado por un bloque de tres pisos soportado sobre columnas circulares y definido en su parte superior por un sistema de brise soleil en hormigón visto. El edificio de base se conforma por una serie de pabellones con salas de clase, talleres, laboratorios y oficinas, con patios intercalados. La configuración de ese edificio horizontal se organizaba estableciendo una dirección preferente por la relación de la galería principal con el patio longitudinal que la acompañaba. No era en sí mismo un edificio tapiz tejido según las directrices principales, sino más bien un prisma monumental continuo que se interponía en el paisaje, construyendo un borde urbano que, teóricamente, podría haberse extendido por la geografía definiendo el litoral urbano.

Figura 8. Edificio de Servicios Públicos de Arica, 1965.© Archivo Histórico Vicente Dagnino, Universidad de Tarapacá

Figura 9a. Servicios Públicos de Arica/Planta. Fuente: Fondecyt 1181290

Figura 9c. Servicios Públicos de Arica/ Isométrica. Fuente: Fondecyt 1181290

Figura 9b. Servicios Públicos de Arica/ Corte. Fuente: Fondecyt 1181290

Figura 10. Universidad de Chile, campus Velázquez, c. 1970.© Archivo Histórico Vicente Dagnino, Universidad de Tarapacá

Figura 11d. Universidad de Chile, campus Velázquez./Isométrica. Fuente: Fondecyt 1181290

Figura 11a. Universidad de Chile, campus Velázquez./Planta. Fuente: Fondecyt 1181290

Figura 11b. Universidad de Chile, campus Velázquez./Corte. Fuente: Fondecyt 1181290

Figura 11c. Universidad de Chile, campus Velázquez./Elevación. Fuente: Fondecyt 1181290

Figura 12. Terminal Rodoviario de Arica, c. 1976.© Colección Balby Morán

Suelo libre, cubierta única

La indeterminación de la planta por la estructura portante de la cubierta puede ser considerada uno de los mayores grados de libertad en el proyecto de arquitectura. Asegura tanto la variabilidad en el uso y en la disposición de las áreas del programa como una adecuación a las dinámicas de los usuarios.

La independencia entre planta y cubierta es la clave de las posibilidades en el Terminal Rodoviario de Arica. En un programa como el de un terminal de buses, la estructura portante muchas veces sobredetermina la dimensión espacial; en este caso, sin embargo, la opción proyectual escapa de esa restricción para asumir un grado de libertad en el diseño y en el uso. Proyectado entre 1970-72 por Pablo de Carolis y Raúl Pellegrin, y construido en 1976, se organiza mediante una planta cuadrada donde el suelo es tratado como un relieve indeterminado, en tanto el techo asume la forma unitaria de una pirámide truncada.

El interior aparece como un sistema de suelos, circulaciones y escaleras que distribuyen el programa en el primer piso en relación con los andenes de los buses y en el segundo con una plataforma exenta, que permite mirar el tránsito desde la altura y al mismo tiempo distanciarse de él.

La cubierta, apoyada en un muro perimetral continuo, sólo abierto en relación con los andenes, se configura por una estructura estereométrica piramidal en la que la repetición las piezas menores y el sistema de uniones soldadas le otorgan un carácter unitario. El sistema de circulaciones propone una pasarela cerrada realizada en hormigón armado que traspasa la estructura del techo conectando el nivel de la vereda con la plataforma interior. Como un tubo que hace referencia a la imaginería tecnológica, articula los recorridos interiores y expande el sistema fuera de los límites de la cubierta.

La lógica del proyecto queda explícita: la cubierta logra reunir, unificar y, por lo tanto, dar una espacialidad a los recorridos y acciones que se desarrollan debajo. El suelo aparece como una topografía artificial determinada por un sistema de circulaciones y se presenta libre de toda intervención estructural, sin tener dependencia alguna con la cubierta, que lo aloja y le otorga sus posibilidades y su sentido de libertad.

Figura 13a. Terminal Rodoviario de Arica/Planta. Fuente: Fondecyt 1181290

Figura 13b. Terminal Rodoviario de Arica/Corte. Fuente: Fondecyt 1181290

Figura 13c. Terminal Rodoviario de Arica/Planta. Fuente: Fondecyt 1181290

Arquitecturas políticas

Se trata entonces de asumir el interrogante clave: ¿puede la libertad expresarse en forma de proyecto de arquitectura? El campo de experiencia constituido en Arica en torno a los años sesenta muestra el mundo de posibilidades entre arquitectura y libertad. Ese campo fue habilitado inicialmente por una zona liberada, exenta de las coacciones que el régimen económico del Estado central imponía, estableciendo su primer grado de libertad. El espacio común de la política instituido en la pluralidad de la conformación de la JAA y la esfera pública configurada por el sentido del desarrollo propuesto para el futuro afirmaron un segundo grado de libertad.

El programa progresista de la JAA y su acción a través del virtuosismo de obras innumerables configuró el laboratorio común de la libertad proyectual. Cuatro obras provenientes de esa acción, y producidas desde los nuevos roles aspirados para el arquitecto, muestran la gradación de los valores que la libertad pudo asumir en el tránsito de las formas más consolidadas de la tradición moderna al experimentalismo de concepciones más avanzadas. Fue en estos avances donde la libertad del instrumental conceptual del proyecto moderno prefiguró las libertades espaciales, programáticas y formales de las obras.

El ejercicio de esos grados de libertad, en la arena política, en la arquitectura, conformaron la realidad de la experiencia en Arica. La diferencia decisiva entre las posibilidades y los hechos radicaba en que «los hombres son los que los realizan, hombres que, por haber recibido el doble don de la libertad y de la acción, pueden configurar una realidad propia» como afirmaba Hannah Arendt (1996:183), quien sabiamente advirtió además que:

todavía hoy, lo sepamos o no, el problema de la política y el hecho de que el hombre sea un ser dotado de la posibilidad de obrar, tiene que estar vívido sin cesar en nuestra mente cuando hablamos del problema de la libertad, porque la acción y la política, entre todas las capacidades y posibilidades de la vida humana, son las únicas cosas en las que no podemos siquiera pensar sin asumir al menos que la libertad existe, y apenas si podemos abordar un solo tema político sin tratar implícita o explícitamente el problema de la libertad del hombre (Arendt, 1996:158).

Como lo muestra la realidad histórica en Arica durante larga década del sesenta, siendo la arquitectura una acción en el espacio común compartido, y a la vez campo de experiencia, lugar de la vida misma, será política y tendrá como razón de ser la libertad.

[1] El presente trabajo forma parte del proyecto Fondecyt Nº 1181290, «Arquitectura Moderna y Ciudad: obras, planes y proyectos en el laboratorio del desarrollo. Chile 1930-1980», en el que los autores se desempeñan como Investigador Responsable y Personal Técnico respectivamente; se agradece a Fondecyt por el apoyo otorgado.

ARENDT, Hannah. Entre el pasado y el futuro. Ocho ejercicios sobre la reflexión política. Barcelona: Península, 1996.

ARENDT, Hannah. La condición humana. Barcelona: Paidós, 1993.

DFL 303. Diario Oficial de la República de Chile, 5 de Agosto de 1953.

LANG, Alena. Puerto libre de Arica. Santiago de Chile: Tesis de Licenciatura, Universidad de Chile, 1962.

Ley 13.039. Diario Oficial de la República de Chile, 15 de Octubre de 1958.

PÉREZ, Hermógenes. (1967) Carta a la Dirección de Obras Municipales, 7 marzo 1967. Plano Regulador, Oficina de Urbanismo, Junta de Adelanto de Arica. Archivo DOM. Municipalidad de Arica.

RUZ, R.; GALDAMES, L; DÍAZ ARAYA, A. Junta de Adelanto de Arica (1958-1976). Experiencia, Documentos e Historia Regional. Arica: Ediciones Universidad de Tarapacá, 2015.

TORRENT, Horacio; RUZ, Rodrigo; MORÁN, Balby. «Arquitecturas para la institucionalización del desarrollo: tres dimensiones en la obra de la Junta de Adelanto de Arica». En Patrimonio Moderno y sustentabilidad: de la ciudad al territorio, Torrent, Barría et al., 124-128. Valdivia: Docomomo Chile, Universidad Austral, 2018.

Horacio Torrent

<htorrent@uc.cl>
Arquitecto, Universidad Nacional de Rosario, Argentina, 1985. Magíster de Arquitectura, Pontificia Universidad Católica de Chile, 2001. Doctor en Arquitectura, Universidad Nacional de Rosario, Argentina, 2006. Autor de un importante número de artículos sobre la arquitectura moderna de América Latina y sobre la arquitectura chilena contemporánea. Ha realizado investigación en el Canadian Centre for Architecture, Getty Institute for the Arts and the Humanities, National Gallery of Arts en Washington, y en el Ibero-Amerikanisches Institut de Berlín. Premio de Investigación en la Bienal Iberoamericana de Arquitectura y Urbanismo, 2006. Presidente de Docomomo Chile. Profesor Titular de la Escuela de Arquitectura UC.

María de la Paz Faúndez

<mefaunde@uc.cl>
Arquitecta, Magíster en Arquitectura, Pontificia Universidad Católica de Chile 2017. Entre sus temas de interés se encuentran el desarrollo de la arquitectura moderna en Chile y la relación entre estudios de género y arquitectura. Se ha desempeñado como ayudante de distintos cursos del área de teoría, historia y crítica. Actualmente es profesora instructora en la Pontificia Universidad Católica de Chile y asistente de investigación en el proyecto Fondecyt 1181290.

Javier Ruíz

<jnruiz@uc.cl>
Arquitecto, Magíster en Arquitectura, Pontificia Universidad Católica de Chile 2018. Autor del ensayo «De la utopía a la Isla del Laja» (Anales de Arquitectura 2017-2018, Ediciones ARQ, 2018). Actualmente colabora como ayudante con Cristóbal Amunátegui y Rodrigo Pérez de Arce en el Magíster en Arquitectura de la Pontificia Universidad Católica de Chile.