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Work, Body, Leisure. Pabellón de Holanda en la Bienal de Venecia 2018.

Marina Otero-Verzier

Director of Research Het Nieuwe Instituut, Netherlands.

La liberación del trabajo es un antiguo deseo. Hoy, sin embargo, cuando los avances tecnológicos nos acercan a esa posibilidad, comenzamos a ver el lado oscuro de esta idea. Como campo de experimentación de nuevas formas de trabajo y tecnologías, los Países Bajos nos permiten evaluar las trayectorias y complejidades contemporáneas de una vida sin trabajo. Al poner al cuerpo en el centro de esta relación, este proyecto nos recuerda de manera sutil que debemos tratar de contrarrestar el tristemente famoso eslogan «el trabajo te hace libre».

Holanda es un campo de experimentación donde el futuro del trabajo ha sido y continúa siendo repensado[1]. Meticulosamente diseñado y modelado, su paisaje es el resultado de siglos de iniciativas humano-maquinistas. También lo es su organización social. Con un acento en el racionalismo ascético del calvinismo y ocupando un lugar preponderante dentro de la cultura contemporánea, el énfasis en el trabajo y la disciplina sobre el ocio también se manifiesta en su arquitectura, desde la escala del territorio hasta la de la cama.

El horizonte plano, gestionado y protegido por los sistemas de control de inundaciones y la regularidad de las subdivisiones del suelo se ve reforzado por la de los invernaderos que lo ocupan; recintos donde la productividad del suelo es controlada y maximizada por tecnologías automatizadas (Figura 1) (Figura 2). Dentro de estos «nuevos jardines del edén», como los denominara amo, crecen plantas de tomate dulce asistidas por el control climático, la iluminación artificial y los sistemas de distribución de agua y nutrientes. No están restringidas por las condiciones exteriores, su entorno inmediato ni, pronto, tampoco por el trabajo humano.

Figura 1. Distribuidores de Foodora en el Vondelpark, Ámsterdam, 2018. © Johannes Schwartz

Figura 2. Koppert Cress. © Jan van Berkel

#Oficina
Estos espacios interiores horizontales y controlados climáticamente también ofrecen infinitas posibilidades de experimentación más allá de la tipología del invernadero. La oficina flexible y su ideología se han convertido en un paisaje de largas mesas compartidas y espacios abiertos donde los trabajadores ya no tienen un puesto reservado, sino que reinventan su espacio de trabajo cada mañana. Asistiendo a estos espacios comunitarios en constante cambio, los muros de casilleros presentan la contraimagen sistémica a modo de una serie de mundos cerrados e individualizados para la administración de identidades privadas y pertenencias (Figura 3). Ocupando fábricas, infraestructuras de almacenamiento y espacios de co-working, así como la arquitectura del vestuario, el casillero facilita la reinvención nómada y temporal del espacio y la de los cuerpos que lo habitan. Es una interfaz entre el ser que trabaja y el que no, si todavía queda alguna distinción entre uno y otro.

Figura 3. OMA, Timmerhuis, Rotterdam, 2015. © Sebastian van Damme

Figura 4. APM Terminal, Maasvlakte, NL. ©Kees Torn (MAGLEBY MAERSK & MATADOR 3), Creative Commons

#Campo de juego
El artista Constant Nieuwenhuys intentó resolver la dicotomía entre trabajo y ocio. En su influyente proyecto New Babylon (1956-74) – un paradigma arquitectónico del espacio libre y el ocio posibilitado por la automatización del trabajo – la sociedad dedica su energía a la creatividad y el juego y cada sujeto diseña su propio entorno. Al robotizar el trabajo, Constant exigió el derecho a no trabajar. El interior de New Babylon se concibe entonces como la arquitectura para una forma de vida libre y creativa. Sus habitantes, liberados de la obligación de ser útiles, gozan de completa disposición de su tiempo. En New Babylon no aplica el concepto de «tiempo libre»; todo el tiempo es, de hecho, juego. La propuesta de Constant para una arquitectura y una sociedad alternativa en la que el trabajo humano se vuelve superfluo – como señala el historiador y teórico de la arquitectura Mark Wigley – visualizó el inminente mundo postlaboral: un mundo en el que todos somos arquitectos.

Sin embargo, a medida que la obra de Constant evolucionaba, su visión optimista sobre las posibilidades y placeres del trabajo automatizado gradualmente dio paso a una perspectiva más conflictiva. La violencia no sería erradicada por el nuevo orden tecnológico, movilizado para satisfacer las necesidades inmediatas de la sociedad; más bien, se revelaría como una parte intrínseca a sus procesos y objetivos. Como expresa Wigley (1998), «el placer se vuelve doloroso, o el dolor se vuelve placentero, de nuevo». Siguiendo la lectura de Wigley sobre New Babylon, si la arquitectura no era trabajo y el mundo más allá del trabajo es arquitectura, Constant no sólo imaginó «el fin del arquitecto y la arquitectura tal como la conocemos », sino que también reconoció la naturaleza inevitablemente violenta y conflictiva de su práctica.

#Puerto
Más de treinta años después, la arquitectura de la automatización total se está implementando en los centros de producción agrícola de Holanda y en ciudades como Rotterdam, desde las infraestructuras logísticas autogestionadas de su puerto a la lógica y las relaciones que definen su panorama físico y social. Tal como se describe en el proyecto de investigación Automated Landscapes, la infraestructura logística del nuevo y automatizado terminal de contenedores APM en el puerto de Maasvlakte ii de Rotterdam (Figura 4) – donde los vehículos autónomos, las grúas automatizadas y las diferentes interfaces maximizan la gestión de contenedores con un rendimiento y productividad sin precedentes – coexiste con la arquitectura de las huelgas de trabajadores portuarios y los proyectos de reurbanización de barrios de baja renta. Es en estos espacios donde la arquitectura del homo ludens de Johan Huizinga está siendo representada y reimaginada. No obstante, lejos de ser el fundamento de una forma de vida libre y creativa tal como la imaginara Constant, la automatización no conduce necesariamente al retiro deseado por muchos trabajadores.

Figura 5. Lida Licht-Lankelma, c. 1960. Modelo a escala de figura humana. © Collection Het Nieuwe

Figura 6. The Door of No Return. Isla Gorée, Senegal, 2004. © Lela Jefferson Fagan

#Puerta
Esta arquitectura de interiores, exteriores, oficinas flexibles, casilleros, contenedores, salas de control y camas, a través de las cuales los cuerpos se clasifican, definen y transforman, tiene una puerta. En su investigación sobre ‘Door(s) of No Return’ (las Puertas del No Retorno), un símbolo del comercio transatlántico de esclavizados, Amal Alhaag analiza el significado y las implicancias históricas para los descendientes de africanos esclavizados. Las puertas son una arquitectura para el desplazamiento brutal, la eliminación y la transformación de cuerpos, idiomas, identidades y pertenencias. El espacio entre la(s) puerta(s) y el océano muestra la violencia que precipitó los movimientos forzados de esclavizados y los que aún afectan a migrantes y refugiados. Sin embargo, la(s) puerta(s), o más bien el umbral entre ser y no/ser, es también, según Alhaag, un lugar de ciencia ficción. Un espacio para actos de rechazo, para la lucha por un mundo sin explotación, sin discriminación, sin racismo.

Esta búsqueda de libertad y de un mundo sin explotación, argumenta el crítico cultural Egbert Alejandro Martina, «podría significar el fin del trabajo en sí». Martina describe las conexiones entre la supervivencia del proyecto colonial holandés y la introducción del sistema de trabajo asalariado. En sus palabras, el acceso a la libertad dependía de la introducción de los hasta entonces esclavos en un nuevo sistema de trabajo asalariado, un sistema que impediría – como se afirma en las sesiones legislativas vinculadas a la abolición de la esclavitud en los Países Bajos – que las personas de color «fracasaran como ‘ciudadanos libres’ porque carecían de un adecuado incentivo para trabajar’ y que «su principal idea de libertad era el derecho a no hacer nada» (Martina, 2018).

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Figura 7. Work, Body, Leisure. Planta pabellón, Rietveld Pavilion Venice Biennale. E. / S. 1: 200 © Studio Raphaël Coutin

Una sociedad liberada de las cadenas del trabajo fue contemplada en la propuesta inicial de New Babylon de habitar en un espacio donde no hubiera ventanas, habitaciones, muebles o lugares de almacenamiento; sin invernaderos, oficinas, camas, o casilleros; y quizás más importante aún, sin puertas. Era, sin embargo, una arquitectura al servicio de un orden hegemónico fundado en la explotación e invisibilidad de su mano de obra, en este caso, cuerpos concebidos como máquinas automatizadas. ¿Sería posible New Babylon sin el trabajo de ‘el otro’?

Partiendo de una reflexión sobre este espectro de espacios y puntos de vista teóricos, Work, Body, Leisure (Trabajo, cuerpo, ocio) aspira a fomentar nuevas formas de creatividad y responsabilidad en el ámbito de la arquitectura en respuesta a las tecnologías emergentes de automatización, un dominio de investigación e innovación que todavía carece de una perspectiva espacial crítica. El objetivo del proyecto es abrir una discusión sobre este futuro inminente y los regímenes tecnológicos que lo hacen posible y, en última instancia, explorar nuestra agencia para aceptarlo o desafiarlo.

Figura 8. Casilleros. Rietveld Pavilion Venice Biennale.© Daria Scagliola

Figura 10. Sala cama. Rietveld Pavilion Venice Biennale.© Daria Scagliola

Figura 11. Casilleros. Rietveld Pavilion Venice Biennale.© Daria Scagliola

Figura 9. Casilleros. Rietveld Pavilion Venice Biennale.© Daria Scagliola

Figura 12. Sala campo de juego. Rietveld Pavilion Venice Biennale.© Daria Scagliola

Figura 13. Sala Granja. Rietveld Pavilion Venice Biennale.© Daria Scagliola

Figura 14. Sala Puerta. Rietveld Pavilion Venice Biennale.© Daria Scagliola

Figura 15. Sala Oficina. Rietveld Pavilion Venice Biennale.© Daria Scagliola.

Figura 16. Sala Simulación. Rietveld Pavilion Venice Biennale.© Daria Scagliola

Work, Body, Leisure

COMISARIO: Het Nieuwe Instituut (Guus Beumer, General and Artistic Director)• CURADORA: Marina Otero-Verzier• CURADORA ASISTENTE: Katía Truijen• ASISTENTES: Flora Bello Milanez, Malou den Dekker• CONTRIBUCIONES: Amal Alhaag, Beatriz Colomina, Marten Kuijpers, Victor Muñoz Sanz, Grace Abou Jaoude, Emma Paola Flores Herrera, Chris Zogopoulos, Simone C. Niquille, Mark Wigley• CON APOYO DE: Dutch Ministry of Education, Culture and Science; Creative Industries Fund NL (Extended Program); Embassy of the Kingdom of The Netherlands in Rome, Italy; MVRDV; Océ – A Canon Company; X-treme; Powerhouse Company• DISEÑO EXPO: Raphael Coutin, Marina Otero-Verzier• DISEÑO GRÁFICO: Hans Gremmen• DIRECCIÓN DE ARTE: Marina Otero-Verzier, Guus Beumer• ARCHIVO: Ellen Smit• GESTIÓN Y PRODUCCIÓN DE PROYECTO: De Projectstudio• PRODUCCIÓN DE LA EXPOSICIÓN: Landstra Ontwerp en Uitvoering• COMUNICACIONES: Christiane Bosman, Eveline Mulckhuyse, Silvie van Oost• PROGRAMA DE EXTENSIÓN: Jane Chew, Matthew Stewart; Northscapes Collective; Noam Toran, Florentijn Boddendijk, Remco de Jong; Giuditta Vendrame, Paolo Patelli, Giulio Squilacciotti; Liam Young• FOTOGRAFÍAS: Daria Scagliola• REVISTA WEB: Cathy Brickwood• LIBRO: Marina Otero-Verzier (ed.), Nick Axel (managing ed.)

[1] El presente texto fue publicado en: Marina Otero-Verzier (ed.), Work, Body, Leisure, Rotterdam, Berlín: Het Nieuwe Instituut, Hatje Cantz Verlag GmbH, 2018. Agradecimientos: Floris Alkemade, Aslı Çiçek, Claire Cichy, Martijn Coeveld, Linde Dorenbosch, Em’kal Eyongakpa, Gabriella Fiorentini, Flora van Gaalen, Syb Groeneveld, Ester de Groot, Behrang Mousavi, Trudy Nieuwenhuys van der Horst, Kim van der Horst, Tess Jungblut, Ippolito Pestellini Laparelli, Ed van Minnen, Judith Öfner, Frida Orupabo, André de Raadt, Angela Rui, Jouke Schaap, Lara Schrijver, Johannes Schwartz, Willem Schinkel, Maarten Tas, Herman Verkerk, Floris Vos, Nelleke de Vries, Madelon Vriesendorp, Francien van Westrenen, Annemarie de Wildt, Marije Wilkes.

AURELI, Pier Vittorio; GIUDICI, Maria Shéhézade. «The Form of Otium: Labor and Leisure in Ancient Greek and Roman Domestic Space». En: Marina Otero-Verzier (ed.), Work, Body, Leisure, Rotterdam, Berlín: Het Nieuwe Instituut, Hatje Cantz Verlag GmbH, 2018.

MARTINA, Egbert Alejandro. «The Abolition to Come». En: Marina Otero-Verzier (ed.), Work, Body, Leisure, Rotterdam, Berlín: Het Nieuwe Instituut, Hatje Cantz Verlag GmbH, 2018.

WIGLEY, Mark. Constant’s New Babylon, The Hyper Architecture of Desire. Rotterdam: Uitgeverij, 1998.

Marina Otero-Verzier

<m.otero@hetnieuweinstituut.nl>
Arquitecta (Universidad Politécnica de Madrid, ETSAM, España, 2008), M.S in Critical, Curatorial and Conceptual Practices in Architecture (Columbia University, GSAPP, EE.UU., 2013), Doctora en Teoría del Diseño Arquitectónico (Universidad Politécnica de Madrid, ETSAM, España, 2016). Ha sido galardonada con la Feature Grant, Design Trust Hong Kong (2017); FAD Prize, Thought and Criticism, (2017); Grant Programme for Architecture, The Creative Industries Fund NL (2015); Communications Award, Fundación Arquia (2014) y Graham Foundation for Advanced Studies in the Fine Arts (2017, 2015). Entre sus trabajos recientes se encuentran Steve Bannon: A Propaganda Retrospective by Jonas Staal (2018) y After Belonging, Oslo Architecture Triennale 2016. Sus publicaciones más relevantes incluyen Unmanned: Architecture and Security Series (Barcelona, New York, Rotterdam, 2016), Work, Body, Leisure (Berlín, Rotterdam, 2018) y Architecture of Appropriation (Rotterdam, 2019). Actualmente se desempeña como Directora de Investigación en el Het Nieuwe Instituut, Países Bajos y tutora en la Escuela de Arquitectura del Royal College of Art, Londres.